Meditación y felicidad

3 marzo, 2017

En la película de Dreamworks “Kun-fu Panda” hay una escena maravillosa donde el protagonista Po, un panda gordinflón, se encuentra con un gran maestro llamado Oogway. Po está atiborrándose a melocotones, quejándose de las circunstancias que le acaban de suceder, arrepintiéndose de lo que había hecho y preocupado por lo que pudiera pasar. Oogway le escucha y le contesta que no hay motivo para la queja, que todo tiene arreglo porque “El pasado es historia, el futuro es un misterio, pero el ahora es un regalo, por eso se le llama presente”.

Si tuviéramos en cuenta este mensaje, si integráramos en nuestro disco duro este lema, todo sería mucho más sencillo.

El problema no esta en que dediquemos tiempo a planificar eventos futuros o a recordar situaciones pasadas, el problema es la inercia de nuestra mente que casi de forma continua habita ese limbo, no vive el momento presente, alejada en el tiempo y en el espacio de donde nos encontramos. Pasado y futuro son sus asientos favoritos. Así la mente recuerda y añora con nostalgia momentos agradables ya pasados, o bien, sufre la carga de situaciones que nos marcaron en su día, y que aún nos hacen sentir pequeños, limitados e inseguros, atrayendo un estado depresivo y lastimero.

Al otro extremo, nuestra mente se llena de innumerables deseos e imagina una vida más feliz y plena, mañana, cuando consigamos esto o aquello, cuando cambiemos nuestra residencia, nuestra pareja, nuestros trabajo. Y como, aunque sucedan estos cambios, esta felicidad no termina de asentarse en nuestra vida sentimos ansiedad, incertidumbre, desconfianza, frustración.

No nos damos cuenta de que esa felicidad, añorada o esperada, no soluciona nada y, como dice Serge Vallade “El cuerpo se convierte en una tumba donde se pudren nuestras esperanzas”. Nos envolvemos en una especie de alucinación recreando esas situaciones que creemos necesitar, mientras la vida pasa a tu lado, como dijo John Lennon.

Cuando practicamos yoga, sus efectos no se quedan en la esterilla. En la práctica entrenamos nuestra mente para crear la tendencia de centrarse en el ahora. En la secuencia comenzamos con movimientos y posturas que van sucediéndose con fluidez y que hacen que tu mente se focalice en la dirección, el esfuerzo, el equilibrio, la torsión, el esfuerzo. La asana se convierte en un recipiente que contiene tu cuerpo, respiración y mente. El recipiente va cambiando de nombre y de forma, pero el contenido se mantiene constante. En la segunda parte de la secuencia, un nuevo recipiente más estable, la postura sentada en donde nuestra respiración equipara toda la atención. Esta postura más cómoda facilita que la mente se pueda dispersar, pero la energía creada durante las asanas nos ayuda en el empeño de mantenerla centrada, de entrar en eso que llamamos meditación.

La meditación es ese proceso a través del cual tu mente se libera de las distracciones y por lo tanto facilita la comprensión, te ayuda a ver con claridad cual es el problema fundamental de tu vida, la causa principal del sufrimiento: Que desconoces tu verdadera naturaleza, que eres ignorante de ti mismo.

La meditación te ayuda a integrar ese conocimiento del que te habla el yoga que te dice que la felicidad no se encuentra en elementos externos a ti. Que hay fuera podrás encontrar experiencias satisfactorias y licitas pero limitadas. Que la felicidad, la plenitud, la libertad que tu anhelas siempre ha formado parte de ti, que va unida a tu conciencia, que no necesitas buscarla, que no tienes que hacer nada por alcanzarla.

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